No sabía que esperar cuando solicité mi primera consulta con el Dr. Koole.
Lo único que sabía era que mis dientes delanteros no me permitían sonreír con naturalidad y que deseaba cambiar esto.
La
historia comenzó cuando me los rompí siendo una niña. Esto supuso que
durante muchos años haya visitado a distintos dentistas, y conozca sus
respectivas formas de trabajar.
Pero nunca ninguno se había portado así, “se sentó a mi lado, me
comentó lo que deberíamos hacer, cómo quiere hacerlo, cuánto tiempo va
a durar y cuánto me va a costar. ¡Me siento lo ahorro que el apenas
considera algo reparar, pero el conjunto yo! Y al mismo tiempo estuvo
escuchando mi historia personal. Fue entonces cuando comenzamos “una
relación a largo plazo”. Fue un trabajo duro, pero al final los dos nos
sentimos satisfechos, había sido un éxito.
Conseguí confianza, podía sonreír y hablar con la gente sin darme la
vuelta. Y, con 55 años, me siento repentinamente joven otra vez,
gracias a un dentista maravilloso.
Le debo mi nueva vida.
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